
Sea lo que sea, Hamilton es el campeón y se puede decir que ha hecho méritos suficientes para serlo. Ha sido el hombre más regular de los aspirantes al título y ha demostrado una madurez importante en los momentos decisivos. Se ha confirmado como un brillante poleman, 7 poles lo confirman. Además, cuando el coche ha estado a la altura, Lewis ha cumplido plantando batalla a los dos Ferrari.
La temporada empezó de maravilla para McLaren, puesto que Hamilton consiguió imponerse en la primera carrera en Australia. El piloto británico arrasó de principio a fin con un conducción digna de un campeón. Controló la carrera con maestría y ni siquiera el safety-car impidió que ganara. La mala actuación de los Ferrari (Raikkonen octavo y Massa retirado) también fue celebrada por Ron Dennis y Martin Whitmarsh.
Sin embargo, la felicidad duró poco, porque Hamilton no estuvo acertado en las dos siguientes carreras. Quinto en Malasia y fuera de los puntos en Bahrein, en McLaren se dieron cuenta de que no todo era tan bonito como parecía y Hamilton se concienció al máximo de que había mucho que hacer. Con todo ello, Lewis volvió al podio en Montmeló, aunque la superioridad de Ferrari empezaba a preocupar.
En Turquía, el inglés volvió a cumplir con nota y finalizó por detrás de un inalcanzable Massa. Y entonces llegó Mónaco, un circuito ideal para las características del MP4-23. Hamilton volvió a exhibirse, pese a salirse en una de las pocas curvas de Mónaco con escapatoria. Realizó una gran conducción, en unas condiciones meteorológicas cambiantes y que sin duda alguna, marcaron el resultado de la carrera. En agua, el británico ha sido imparable esta temporada y en Montecarlo no podía ser menos.
Tras la victoria y al igual que le pasó tras ganar en Australia, las dos siguientes carreras no fueron buenas. En Canada, Lewis no fue capaz de darse cuenta de que el semáforo estaba en rojo y se llevó por delante a Raikkonen en la salida de boxes. Su error fue muy grave, porque tanto él como el finlandés tuvieron que retirarse. Dos semanas después, Hamilton tampoco estuvo acertado y sólo pudo quedar décimo en Magny Cours tras cometer muchos errores en carrera.
A raíz de Gran Bretaña, el MP4-23 fue evolucionando hasta colocarse a un nivel realmente similar al de Ferrari. En Hungría, un reventón de uno de sus neumáticos, provocado por su agresiva conducción, más parecida a la de rallyes que a la de Fórmula 1, le privó de luchar por la victoria y acabó en un quinto puesto que al final resultó ser bueno con el abandono de Massa en la última vuelta.
En el estreno del Valencia Circuit Street, Hamilton sumó ocho importantes puntos que le mantenían en un liderato que tuvo en sus manos en buena parte de la temporada. Pero Massa le empezó a recortar puntos y volvieron a llegar los nervios. El brasileño también ganó en Spa, Lewis fue sancionado con 25 segundos por comerse una curva y acabó tercero. Cuatro puntos menos ventaja.
El de Monza tampoco fue un buen fin de semana. Todo se torció en calificación, cuando empezó a llover en el peor momento posible para un Hamilton que se quedó fuera de la Q3. En carrera remontó, pero sólo pudo ser séptimo. En el espectáculo de Singapur, Lewis acabó en un tercer puesto que le sirvió para aumentar su distancia, debido al decimotercer puesto de Massa.
En McLaren empezaron a ver el título cerca. Quedaban tres carreras y Hamilton tenía 7 puntos más que su máximo rival. Pero en el equipo británico sabían que Lewis debía rematar el asunto, algo que había sido incapaz de hacer en 2007. En Japón perdió una oportunidad de oro. Pero entró en las provaciones, quiso demostrar que era el mejor, y volvió a fallar. Justo lo que no tenía que hacer. Aunque Massa tampoco estuvo inspirado y eso salvó al británico.
Hamilton apeló entonces a la calculadora, pero no por ello dejó de luchar por la victoria. Ganó su quinta victoria de la temporada en China y fue cuando dejó al borde del K.O. a Massa. Pero el título no se decidió hasta dos curvas antes del final de Interlagos, donde Lewis tenía controlado todo hasta que empezó a llover y se vio en la sexta posición, hasta que rebasó a la tortuga de Glock a escasos metros del final. Cruzó la meta. Quinto. En McLaren saltaban de alegría. Lewis había cumplido y se hacía con el título. El hijo pródigo había ganado y eso era sinónimo de fiesta. Ya no importaba el sufrimiento y la admiración fue total hacie ese ambicioso chaval que se presentó con chulería en la Fórmula 1 hace menos de dos años.
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